EL VALLE DEL TERROR (Arthur Conan Doyle)
Con la lectura de las obras de Arthur Conan Doyle siempre se siente algo especial. Es la vuelta a la literatura clásica, esa que tiene una forma de decir muy especial, porque tiene palabras que ellas solas llenan todo.
“El valle del terror” es un libro en dos partes. En la primera tenemos los ingredientes clásicos de una novela de detectives: un millonario que aparece muerto en su mansión de Sussex, un detective, una viuda y un tercero que aparece en el peor momento y sobre el que recaen todas las culpas de buenas a primeras. Tras acabar la primera parte del libro, parece que está todo resuelto por parte de Sherlock Holmes y que se acaba ahí la historia. Podríamos pensar, por lo tanto, que la segunda parte es una historia independiente de la primera, y es que realmente lo parece. Una vez que empezamos a leer, la narración nos lleva por otros derroteros, ya que se desarrolla en Estados Unidos y tiene hasta un ritmo distinto. Sin embargo, el intelecto de Conan Doyle le da la vuelta al asunto y consigue enlazar una situación con la otra, de manera que la segunda se convierte en la consecuencia lógica de la anterior.
¿Qué es lo que sucede? ¿Cuál es el argumento? Un asesinato misterioso, de nuevo, el crimen perfecto, que no lo es tanto porque el avispado de Sherlock Holmes lo consigue desentrañar. Y, en la segunda parte, como digo, un sucedo completamente diferente que acaba enlazado con el anterior, y hasta aporta lógica a un hecho aparentemente aislado.
“El valle del terror” se publicó por primera vez en formato folletín por entregas en una revista en 1914. Un año más tarde, en 1915, se publicó ya como libro.
Sobra decir que Arthur Conan Doyle es un imprescindible para todo lector de thriller y misterio que se precie. Este libro, y Conan Doyle por extensión, tuvo una clara influencia en autores emblemáticos de la novela negra, como fue Dashiell Hammet, hecho que queda claro en su libro “Cosecha roja”.
