AFTER DARK (HARUKI MURAKAMI)
Cada vez que leo a Haruki Murakami me sorprende un poco más su manera de escribir. Y, en esta ocasión, no ha sido diferente. “After dark” es surrealismo, simbolismo y una extraña historia que sucede durante una madrugada, a lo largo de unas seis horas.
Una noche como otra cualquiera, Mari Asai sale de su casa para leer en una cafetería porque necesita alejarse de su hermana Eri. No pueden ser más diferentes: Eri es guapa y trabaja de modelo. Mari, sin embargo, es más menuda y anodina, pero buena estudiante. Allí se encuentra con Takahashi, que está ensayando con su grupo de música en un local cercano y es amigo de Eri. Se ponen a charlar sobre Eri. Ella se ha sumido en un sueño aletargador y no sabe cómo ayudarla. Además, la habitación en la que duerme la chica es de lo más peculiar. Hay una tele desenchufada y emitiendo nieve. Y poco a poco se vislumbra algo en la pantalla.
En ese momento llega una trabajadora de un hotel que reserva por horas para pedir ayuda, porque han agredido a una prostituta china en una de sus habitaciones. En el momento en que Mari habla con ambos, comienza a vislumbrar cómo ayudar a Eri.
El paso del tiempo en esta novela es peculiar. Todo sucede en unas pocas horas de la madrugada y así lo hace ver Murakami, colocando un reloj a cada inicio de capítulo con el momento de la narración. Aunque sea de una forma mínima, el hecho de meter ilustraciones a modo de título abunda en la transversalidad artística de las obras del autor japonés.
El nombre de “After dark” es una referencia a una canción. Y el local donde se reúnen, “Alphaville” es, además el grupo que cantaba en los 80 aquello de “Forever Young” (También tenían una canción que se llama “Big Japan”). A lo largo de los libros de Murakami se repite esta tónica de guiños a otras disciplinas artísticas. Creo que, si buscas ficción surrealista y referencias al arte contemporáneo, no debes dejar de leerlo.
Haruki Murakami simboliza la fusión entre el concepto del clasicismo japonés y la modernidad de occidente. Por eso mismo en su tierra ha sido en ocasiones tachado de autor pop y poco serio, aunque ha influido a una generación de escritores y se le ha prestado mucha atención en Europa y Estados Unidos. Quizá por no entrar en trifulcas que enfrenten oriente y occidente sea que aún no se le ha concedido el Premio Nobel de literatura. Sin embargo, es un escritor que lo merece.
