lunes, 22 de septiembre de 2025

LA PENUMBRA DEL ECLIPSE (José Luis Burgos)

 


LA PENUMBRA DEL ECLIPSE (José Luis Burgos)

Imaginemos que por un terrible accidente perdemos la capacidad de generar recuerdos, que cada cosa que nos pase en el día desapareciera al despertar del día siguiente, como si nos resetearan esa parte del disco duro. ¿Cómo afrontaría una persona el continuo de la vida, cuando el ancla con el pasado (el último recuerdo previo al accidente) está cada vez más lejos?

Con este planteamiento, José Luis Burgos nos presenta una novela en la que la incertidumbre juega un papel protagonista. Roberto Marciel, después de un trágico accidente, pierde la capacidad de fijar nuevos recuerdos en su mente. Tras un coma prolongado, sus padres y el equipo médico tratan de hacer que su contacto con la realidad sea lo menos traumático posible hasta que, una vez recuperado de las lesiones físicas, a excepción de la pérdida de memoria, comienza a decidir cómo gestionar sus carencias. No es un proceso fácil: hay que ser muy meticuloso para apuntar todo y no dejar nada fuera de control, porque Marciel es consciente de que lo que no apunte hoy, mañana no lo podrá recordar.

El autor nos describe unas rutinas de mucha intensidad, por ese no dejar nada al azar, ese descubrir cada día que se vive presa de un drama. Pero no solo él es la gran víctima en esta historia. Su familia, su entorno, deben acompañar cada día a esa página en blanco, ayudarle a llenar sus lagunas de memoria, unas lagunas que con el tiempo se convertirán en un abismo. Asistimos, por lo tanto, a los miedos y la incertidumbre de su entorno más directo, que se enfrentarán a una situación totalmente excepcional. Ahora bien, la fortaleza de Roberto Marciel es fascinante, como demuestra con sus estrategias para sortear su carencia.

Si bien es cierto que devoré el libro, está escrito para que entremos en harina poco a poco, para que nos vayamos haciendo a la idea del dolor de la familia, de lo que supone esa incertidumbre, ese vacío en los conocimientos del personaje, en sus recuerdos. Paulatinamente nos va llevando de la mano a través de los meses, de los años de la vida de Marciel. A fuego lento y con muy buen tino, capítulo a capítulo, vamos viendo pequeños avances, pequeñas luces de esperanza en la enfermedad del protagonista. Así que puedo decir que es un libro a caballo entre la necesidad de saber y el relajo en la lectura para disfrutar de la prosa del autor.

viernes, 19 de septiembre de 2025

CÓMO MATÉ A MI PADRE (Sara Jaramillo Klinkert)



CÓMO MATÉ A MI PADRE (Sara Jaramillo Klinkert)

Voy a empezar desmintiendo el título. Si al leer el encabezado piensas que estás ante un thriller en el que la autora o el protagonista cuentan en primera persona cómo se quitaron del medio a su padre al más puro estilo Jack el Destripador, te has equivocado de libro. Cuando te adentras en las páginas de este libro no te encuentras con un asesinato perpetrado por la hija de la víctima. Sí es cierto que hay un muerto, y una hija, pero ella no confiesa, sino que escribe el libro como catarsis, para aceptar que su padre ya no está y que tiene que seguir adelante sin él.

Sara Jaramillo escribe a través de un relato autobiográfico cómo de pequeña formaba parte de una familia feliz y acomodada en Medellín, en la época de los años 80 e inicios de los 90. Un mal día, un sicario de Pablo Escobar acabó con la vida de su padre, lo que hizo que la familia se desmoronara. Ahí comienza una situación muy difícil para todos ellos. Y es que Sara Jaramillo tenía nada menos que once años y cuatro hermanos en aquel trágico momento.

A través de los capítulos de su historia, la autora nos va mostrando la incredulidad ante la nueva situación, la rabia que sentía por los cambios que debieron ser, nos muestra cómo madura, cómo se niega a deshacerse de esa figura paterna que la sigue acompañando, a pesar del peligro, a pesar de todo. De hecho, en uno de los pasajes explica cómo tuvieron que dejar de ir al cementerio cada domingo por seguridad. Ese distanciamiento obligado la revolvía, pero sin embargo cuenta cómo agradece que se hiciera dura porque “la mamá con cinco hijos y ninguna ayuda no podía permitirnos caprichos”.

No es hasta que otras circunstancias vitales le hacen replantearse todo y decidir que necesita esa catarsis, ese mirarse hacia dentro para escribir el libro y despedir a su padre como mereció. También necesita encontrarse consigo misma, con su pasado, con su cotidianidad de cuando era una niña feliz en una inmensa casa de campo. Se hace consciente de que debe luchar por recuperar todo aquello. La casa familiar la pinta con todo lujo de detalles: los corredores, los jardines, los árboles, hasta los animales de granja. Todo está descrito como si lo hubiera visto esta misma mañana, y lo puedo percibir a través de sus palabras como si la autora me lo hubiera mostrado esta misma mañana.

Lo cierto es que no he podido dejar de leer el libro, ningún fin de capítulo era el adecuado para pausar la lectura, y cada vez necesitaba saber más de cómo iba evolucionando la niña Sara en su duelo. Es un libro corto, que se lee de un tirón. Eso sí, tan adictivo como duro. Pero merece mucho la pena. He llegado a saber que esta historia le inspiró a Edisa Lozada para escribir “Buscando los fragmentos de mi padre”. Sin embargo, la historia de esta autora es una historia de ausencia. Pero, ¿hasta qué punto es mejor saber que hay un padre ausente frente a saber que tu padre ya no vive? Cualquiera de las dos situaciones puede ser igual de traumática para un niño incapaz de entender ese desamparo.

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