NO SOY UN MONSTRUO (Carme Chaparro)
Un libro que leí hace unos días pero que no he tenido tiempo de reseñar hasta ahora. De hecho, fue una pena no haberlo acabado antes: lo estaba leyendo durante los días de Bruma Negra (Jornadas de Novela Negra). Y precisamente en esas jornadas pudimos contar con la presencia de una criminóloga con la que me hubiera gustado hablar de la psique del asesino de este libro.
Entre el título y la presentación ya es evidente que “No soy un monstruo” es un libro de novela negra. Es el primero de una trilogía escrita por Carme Chaparro. En su momento, me prestaron el tercer libro y cuando empecé a leerlo descubrí que había otros dos delante. Evidentemente, tenía que hacerme con ellos.
En esta primera entrega conocemos a la Inspectora Jefa Ana Arén y a su equipo. Ya desde el inicio lleva una mochila a cuestas en forma de caso sin resolver. Un niño de cuatro años desapareció hace dos veranos en un centro comercial de Majadahonda y no ha habido forma humana de que la policía diera con él. Para su desesperación, en los días en que se desarrolla la acción del libro, dos nuevas desapariciones de sendos menores conmueven al municipio.
A primera vista podríamos pensar que es otra historia más de policías y asesinatos. Hay una desaparición, la policía actúa, no sabemos si aparecerá la víctima o solo el cuerpo. Lo que hay en este caso es, además, una dosis superior de dolor, que hace que se le ponga al lector la piel de gallina porque las víctimas son menores, concretamente, niños pequeños, de unos cuatro años. En paralelo, conocemos el trasfondo de la comisaría, al equipo que trabaja con la Inspectora Jefe, y las relaciones personales que hay entre ellos. Está bien que la autora nos desarrolle la personalidad de los policías, podemos ver sus virtudes y sus carencias. Ana Arén está superando el hecho de no haber podido estar con su padre cuando falleció. Otro policía, Nori, necesita salir a correr para pensar; sin embargo, no sabemos mucho más de su vida. El triángulo amistoso lo cierran con Joan, que es informático y hacker, y desde Barcelona les echa una mano en lo que puede. También amiga, pero fuera del entorno policial, está Inés, que es periodista. Está claro que con la inspectora Arén tiene una fuente de información valiosísima.
A pesar del dolor que provoca plantearte las desapariciones de niños tan pequeños, el libro se me hizo totalmente adictivo, no pude dejar de leerlo, incluso acabé robándole horas al sueño. Pienso que el hecho de que los capítulos sean cortos favorece esa sensación de que se puede avanzar un poco más sin caer en la cuenta del paso de las horas. Como detalle final, quiero añadir que “No soy un monstruo” (hasta el final no entenderás el motivo del título) fue premio Primavera en 2017.


